EL TRABAJO

Es una de las bases que establecen la IGUALDAD y la AUTONOMÍA...

La igualdad porque a cada persona se le demanda según sus posibilidades, sin admitir ningún tipo de discriminación; ni por razón de sexo, ni por razón de capacidad, ni por razón de edad, ni por razón de preferencias.

Cada persona ha de contribuir con todo su esfuerzo a que la vida se realice de una manera agradable y feliz, y para ello, cada persona debe aportar su esfuerzo tanto en lo que se refiere al campo intelectual como al campo manual, para que la convivencia sea lo más justa posible, ya que partimos de la idea de que cada persona puede realizar todos los trabajos posibles en una determinada proporción, y que los trabajos más duro puede ser mejor realizados por quiénes

tienen mayor madurez y capacidad intelectual, aplicando el principio anarquista de: “De cada un@ según sus posibilidades y a cada un@ según sus necesidades”.

La igualdad en el trabajo es un pilar fundamental del establecimiento de la sociedad más libre.

 

Ya que se va contra la división social de las clases, y contra el establecimiento de un@s (trabajador@s intelectuales) sobre otr@s (trabajador@s manuales).

La autonomía, porque capacita a todas las personas a realizar los trabajos que necesitan para mantener la vida, evitando así depender de otras personas, autodeterminando una personalidad, haciéndola más libre porque se sienten más capaz de depender de sí misma que de otras personas.

Autorregular la vida supone la base de la autogestión, ya que si yo soy capaz de hacer el máximo de cosas por sí mism@, podré contribuir a gestionar un colectivo, generando más libertad y no limitándola.

LA CRÍTICA

Se va generando desde el momento que se elimina la autoridad, porque cada criatura puede libremente manifestarse tal y como es y tal y como piensa, por lo que ésta se ejercita desde edades muy tempranas y sigue evolucionando.

Ya que existe crítica si existe facilidad para ejercerla y no hay experiencia de represión cuando se pone de manifiesto.

 

Esta actitud va construyendo unas mentes en las que no se aceptan lo que alguien dice por su edad, capacidad o sabiduría, sino porque al ejercer el diálogo razonado así se entiende o no se entiende.

Esta actitud les capacita para poder criticar la sociedad existente e intentar variarla. Comenzando por criticar sus propias actitudes, la de sus compañer@s y las de la gente adulta que se encuentra en la escuela. Donde mayor dificultad encuentran es para realizar una crítica sobre sus padres-madres, para no poner en juego su seguridad emocional y las figuras de referencia más inmediatas que tienen, y que suelen mediatizar sus posibilidades de mayor libertad, al tiempo que les insta a repetir sus propias pautas de conducta y a desestimar otra de carácter libertario, con las que no están de acuerdo.

Por ello, en la medida en que los padres-madres son más afines a este pensamiento ácrata, las criaturas van manifestando y construyendo una mente menos autoritaria, más concienciada socialmente y con más posibilidad de aceptar cambios y abrirse a otras formas de relación.

Hay que tener en cuenta, que la crítica es constante en la dinámica educativa, y se hace de una manera sistemática contra todos los medios educativos indirectos, que l@s bombardean para que se integren en la sociedad pequeño-burguesa establecida y participen del mismo sistema capitalista que nos asola...

Existe, por lo tanto, una concientización política que se va realizando en la vivencia cotidiana, confrontando unas forma de vivir -que limitan o anulan la libertad personal y colectiva-, con otras que la facilitan, maduran y amplían.