ex-alumna de Paideia

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 Mi estancia en Paideia ha pasado por muchos momentos. La experiencia en la escuela, se resume en trece años de mi vida, en los que ahora, de repente, debo empezar a recordarlos uno por uno, para así poder informar de nuestras vivencias a todas aquellas personas que esperan con inquietud noticias de esta DIFERENTE EDUCACIÓN.


 La gente que lo ve desde fuera, se plantea preguntas que para mí, hoy en día, son fáciles de responder; un ejemplo de alguna de ellas podría ser:


 ¿ Qué aprendemos?


 Lo primero a ser personas, cosa que en los tiempos que corren es difícil encontrar alguna, por ello intentamos formarnos, para que de aquí a un futuro, podamos tropezarnos con pocas, varias o, quien sabe, muchas de ellas y hagan al menos, mover y agitar a las grandes masas.


 Siguiendo la línea, aprendemos desde muy pequeña edad a tomar nuestras propias decisiones, a elegir lo que queremos o no queremos hacer, y así vamos elaborando nuestra capacidad de elección, y nos sirve para no tener dependencia, y ser personas más seguras de sí mismas.


 Trabajamos valores como, el respeto, la solidaridad, la responsabilidad, la comunicación, la justicia, la igualdad, la tolerancia, la no-violencia, la amistad, la libertad y una lista bien larga que aunque en el mundo se tape aquí vivimos con ella y hacemos ver que son parte del Ser Humano.


Empezamos hacer uso de nuestra Libertad, partiendo de la base Responsabilidad. Esto supone compromiso y esfuerzo, seguridad y ganas de luchar y, como bien diría una compañera  ¡ LA LIBERTAD NO SE REGALA, HAY QUE CONQUISTARLA¡.


 Todo en esta vida, supone un mínimo movimiento, es decir: si quieres o deseas algo con mucha fuerza, debes luchar para conseguirlo y nunca esperes a que alguien te lo regale.


 Otra de las cosa que intentamos hacer es conocernos a nosotr@s  mism@s, para así tener una percepción más amplia de lo que somos y de donde venimos. Con esta posible capacidad, damos lugar a conocer a otras personas, así como a sus sentimientos, emociones, formas de actuar que nos implican su personalidad. Y así, puntualizo que cuanto más nos expresemos, más conoceremos.


 Cuando existe un problema, desde el más pequeño, hasta el más mayor lo soluciona, de manera que se reconozcan los errores cometidos y se afronte el conflicto para poder al menos cambiarlo. Esto se hace, con ayuda de todos los componentes del colectivo, es decir, en una ASAMBLEA, donde está la participación de todo el mundo, las opiniones, propuestas y se manifiesta la manera de ser de cada uno.


 La oportunidad que tenemos aquí es inmensa, me explico: se dice que todo el mundo piensa, pero no a todo el mundo se le da la oportunidad de expresarlo.


 Vamos cogiendo responsabilidades en el campo del trabajo, haciendo una distribución del mismo en el que autogestionamos la forma de convivir. Todo el mundo realiza esta labor, pero a distintos niveles teniendo en cuenta las posibilidades de cada persona.


 Se intenta que se viva en conjunto, es decir, en colectivo compartiendo, ideas, experiencias, o pensamientos. Todo, o al menos casi todo, es una cadena, se enseña de la propia experiencia personal a otras personas, aprendemos así a valorarnos y a valorar más a quienes tenemos a nuestro alrededor, sea un ser más pequeño o mayor, la semejanza es que las dos son personas y como tales se merecen respeto e igualdad.


 La relación que se establece con las personas más adultas es positiva, ya que ellas en primer lugar no hacen comparaciones, ni se sienten superiores por tener más edad, ni por ser nuestras compañeras educadoras.


 Al menos desde el gran agujero que existe ahí fuera las cosas no se ven así, basta con criticar, sin saber, faltar, sin conocer, y lo más gordo, no querer conocer para así no aprender.


 Claro, puesto que la sociedad en la cual vivimos, no interesa, que se luche y se hagan propósitos para obtener un mundo mejor, un mundo libre, donde la persona se emancipe y  autogestione desde sí misma, no interesa que se abran nuevas mentes, ideas y que nazca un poquito de inteligencia.


 Esto parece que da miedo y fobia, aquello que pueda hacer del más grande y poderoso un ser insignificante y con poca importancia. Las personas manipuladoras de este país, tienden a reflejar aquello progresista como algo inalcanzable, algo que no esta dentro de cada posibilidad o capacidad del Ser Humano, y hacen de ello un sueño que no puede hacerse realidad. Para ello debemos tener unos objetivos de como queremos formar  o realizar nuestra propia vida, sin que nadie nos lleve o nos traiga cuando quiera.


 Este es mi último curso en Paideia, pero mi lucha sigue fuera,  e intentaré abrir campos para que la gente conozca otra forma de convivir y no se asienta a la que tenemos ahora. Pues bien, nosotras juventud sin aun florecer, hagamos de este agujero pernicioso, uno donde nuestros sueños se cumplan, nuestros sueños alcanzables, empecemos a progresar y buscarnos a nosotr@s mism@s , no dejemos que nos marchiten y salgamos de nuestro rincón a cambiar el mundo.


 No obstante he de citar como punto final una frase que me enseñaron mis padres, que dice:  “no se trata de llegar a la meta, el triunfo está en recorrer el camino señalado. Se trata de alcanzar tus propias metas y cuando llegues a ellas no estar conforme y querer aspirar a más”.


 Para todas aquellas personas que se aburran de vivir siempre lo mismo, les invito a que nos ayuden a cambiar el mundo.


 


Ana Guillén Esteban.


15 años.