La progresiva pérdida de humanismolo

La samblea nº 11.Otoño-1991


Sería determinista pensar que el proceso histórico se repite cíclicamente  a lo largo de los tiempos y, por ello, deberíamos someternos a sus principios inamovibles y delimitadores. Pero pensamos que la evolución humana es la consecuencia del hacer continuado de los sujetos que le son protagonistas, es decir: el hombre y la mujer y, por ello, las estructuras que construyen y las interrelaciones que provocan.

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La progresiva pérdida de humanismo La samblea. nº.11 1991

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Si fuésemos deterministas, aceptaríamos sin dilación que el momento histórico que nos toca vivir, es aquel que nos corresponde, porque ahora le ha tocado al turno y, por ello, seguiríamos sentados en nuestros cómodos o incómodos sillones, contemplando con resignación y sumisión la ola de represión y violencia que nos acosa.


Pero al negarnos a aceptar que las cosas sean así, porque así debe ser y no hay otro remedio que asumirlas, nos ponemos a pensar en el porqué de ellas, llegando así a las causas que motivan esta realidad deshumanizada de la sempiterna lucha de hombres y mujeres contra hombres y mujeres.


Constante histórica que en la actualidad se encuentra tan deteriorada que hasta pensamos que carece de vigencia y debemos abandonarla por ser un vestigio del pasado. Pero nada es pasado que antes no haya sido realidad y, que sepamos, todavía no hemos sido capaces de conseguir superar esta generatriz de lucha, enfrentamiento, represión y sumisión, que hoy como ayer nos atenaza y, hoy como ayer, corremos el riesgo de no afrontar y no combatir.


Todos y todas sabemos o debemos saber que las sociedades actuales, así como las anteriores, se encuentran mediatizadas por los poderes autoritarios que son los últimos responsables de nuestros actos cotidianos. Esta sociedad, carente de libertad y de pensamiento, asienta su tranquilidad y seguridad en esa minoría privilegiada que asume la responsabilidad de conducir a una sociedad “menor de edad”, hacia los objetivos que ellos consideran más idóneos, auque para ello deba tomar y tome medidas de castigo que son utilizadas por el “bien” de esa mayoría inconsciente que no sabe qué es lo que más le conviene.


Somos un grupo humano infantilizado que precisa de sus mayores. Estado, gobiernos y representantes, para poder vivir sin peligro, sin responsabilidad y sin razón, que tal vez se siente incómodo cuando se le “normatiza”, pero que acepta la ley como la medida más conveniente, porque es dada y decidida desde los “mayores”, “los responsables”, “la autoridad”, y la credibilidad que le damos a sus decisiones es la estructura sobre la cual se perpetúan los poderes benefactores que nos hacen llorar por nuestro bien, aunque no comprendamos con claridad sus motivos.


Por ello, posiblemente, aceptamos sin protestar esa ley de inseguridad ciudadana que sirve de castigo a las protestas intencionadas de unos pocos/as, que siguen pidiendo menos represión y más libertad responsable.
Cuando los desajustes económicos que ocasiona la droga afectan ya a determinados grupos de poder instituidos, conviene para su exceso de poder para seguir manteniendo el equilibrio en una sociedad capitalista y consumista, por ello hay que motivar la desarticulación y justificar de esta manera la represión.


Cuando la economía mundial parece que tiene dificultades y el capital piensa que debe centrar los cauces para un ascenso al poder más conservador que facilite un incremento de los ingresos, se hace necesario establecer una estructura social que demande, quiera y solicite a sus Padres Políticos, una solución a los conflictos existentes, porque al conceder éstos a través de aquellos, lo que ellos han motivado, se justifica y perpetúa la necesidad del patriarca protector que soluciona los conflictos y establece la normalidad.


Por ello, se comienza por estimular una idea nacionalista que nos hace defender los intereses de una minoría por considerar que es la mejor, en cada territorio humano se defiende esta idea de lo “mejor” que es patrimonio de unos pocos/as, y que, basada en un fanatismo irracional, motiva la demanda de una lucha de etnias, de ideas y de derechos.


Se comienza por defender los valores patrios y se termina matando a los/as disidentes de cualquier pensamiento.


La historia nos dice que cuando existen problemas económicos, cuando existen amenazas de hegemonías territoriales o cuando existen peligros de nuevos avances ideológicos, los padres de todas las patrias mueven y promueven una llamada a los absolutismos, a los totalitarismos, a la autoridad, para poder salir de la crisis.


Las armas de los “ungidos”, son muchas y muy variadas. Y cuando desean entroncar una norma, no tienen más que mover un poco los hilos, y la desarticulación general se produce, la atención se dispersa y cuando nos queremos enterar ya hemos aceptado y admitido que se atente contra nuestros derechos fundamentales, porque ya se ha motivado que hayamos encontrado la justificación a esta infamia injustificable de aceptar represión en detrimento de libertad.


Este puzzle, cuyas últimas piezas siempre se encuentran en manos de los mismos, es un juego estúpido que los seres pensantes no deberíamos aceptar. Pero en este mundo, la mayoría se encuentra preparada para no pensar, sino para dar respuesta a los estímulos que se nos ponen, manejados y manejadas por un conductismo que previamente nos ha preparado y nos sigue preparando diariamente para dar respuestas inconscientes a las demandas programadas del poder instituido.


Este proceso  de involución constante que padecemos, mantenidos todos y todas en un letargo ilusorio de una democracia incipiente, nos parece torpe y acelerado. Quince años de respeto a las libertades fundamentales es demasiado poco tiempo para cualquier gobierno que haya  sido desbancado por la fuerza de las hordas conservadoras.
Resulta que este país dejó morir a su dictador en la cama y ahora sofoca sus principios socialistas, sin tan siquiera ofrecer resistencia y provocar un enfrentamiento ideológico.


Es  infinitamente triste para este país que se vanagloria de combativo y rebelde, aceptar con tanta sumisión una vuelta a los principios conservadores, sin ningún tipo de oposición.


Con todo, lo más triste de todo el proceso no es ya el juego a que se brindan los responsables de turno, sino el ser instrumentos fáciles y acomodaticios de una vuelta a pasados lejanos, asentando las leyes represivas y las economías liberales, para que una ideología conservadora las tome en su poder y dé paso a nuevos fascismos, nazismos o racismos.


Siempre hemos sabido que las únicas ideológicas que existen son las económicas, y en el reparto de la riqueza es donde se determina el pensamiento de un pueblo. La búsqueda de la equidad, de la justicia social y de la responsabilidad común nada tiene que ver con las ideologías que mayoritariamente se encuentran establecidas actualmente en el mundo.


Los derechos fundamentales, por los que los seres humanos que vivimos es este cosmos somos sus poseedores equitativos, se han sustituido por el reparto que una minoría hace de esos mismos bienes, en donde la distribución igualitaria de la riqueza se ha cambiado por el beneficio que los distribuidores hacemos a las clases deprimidas. Hasta tal punto los gobiernos se creen dueños de la riqueza que se permiten el lujo de pensar y hasta de creer que caritativamente mejoran la calidad de vida de los deprimidos, facilitando pequeños beneficios que mantienen y controlan cualquier tipo de conflicto o de protesta, introyectando la idea de aceptar sin paliativos la injusticia social, porque ésta es una “verdad” que se asume y, a partir de ella, los “buenos gobiernos” aportan caridad en lugar de distribuir justicia.


Pero lo peor de esto es que se encuentra absolutamente aceptado y asumido, por lo que hoy ya se compara la realidad actual con la pasada, y se asume que es mejor la actual, pero en ningún momento se compara la realidad con el derecho inviolable del ser humano.


Este deterioro de los principios fundamentales, es el cimiento fuerte que sustenta y mantiene una realidad política y social que no lucha por la justicia, que se contenta con pequeños actos de conmiseración humana.


Esta situación es grave, más grave, porque cada vez es más inconsciente, porque es una sociedad de miseria en la cual todo el mundo come, es dificilísimo llegar a la conclusión de que El Padre, es un  mal padre y tal vez la solución estuviese en concebir la idea de la emancipación parental, de la toma de la libertad personal, al margen de cualquier padre de la patria, que se mueve y lucha por sus intereses, sus egoísmos y no por educar a sus hijos/as en la libertad y la autonomía.


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