Anhelo de libertad

La samblea nº 10- Verano 1991


El anarquismo es la expresión humana del anhelo de libertad que sienten incansablemente el hombre y la mujer, tanto en lo que se refiere al campo individual como al colectivo. Este deseo rechaza cualquier tipo de dependencia, proteccionismo, autoridad, buscando convertir la vida en una experiencia de libertad y armonía.

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Anhelo de libertad La samblea. nº.10 1991

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Indudablemente, para la consecución de este ideal, se hace necesario que la persona se desarrolle en un ámbito de intercomunicaciones libres, de colectivos humanos que compartan estos principios de máxima libertad, a la vez que se apoyen en una responsabilidad personal y colectiva, en donde la solidaridad, la justicia y la no violencia sean actitudes introyectadas de las personas, que viven y conviven en pro de una sociedad más feliz.


La idea generatriz del anarquismo y su objetivo más válido es el de conseguir una sociedad en donde sus miembros actúen con verdad consigo mismo y la vida humana sea por ello una experiencia congratulante, en donde se eliminen básicamente las causas de enfrentamientos entre las personas, reconociendo y aceptando su diversidad como elemento único de progreso y de evolución.


Para poder potenciar un colectivo anárquico es imprescindible eliminar los dogmatismos y usar de la tolerancia mutua y de la verdad como asentamiento de la convivencia.


La educación y la presión social han sido y continúan siendo los dos imperativos más fuerte de una sociedad conductista, autoritaria, competitiva, injusta, violenta, consumista, tremendamente infeliz, frustrada, que vive o vegeta sin ideal alguno.


La educación, adiestradora infalible de una tipología humana  que lucha constantemente contra su propia naturaleza, abandonándose en brazos de la autoridad, para conseguir una seguridad masificada en el deseo expreso de evitar la soledad, es el cimiento férreo que sostiene esta sociedad. La presión social ejerce su influencia constante sobre ella, canalizando su vida diaria y sus objetivos hacia una eterna realidad de sumisión y de defensa de los principios jerárquicamente transmitidos.


El engranaje social, perfecto en su construcción, se mueve sin parar, cambiando piezas viejas con la intencionalidad solapada de encubrir ese pensamiento añejo que pervive y perdura con una idea irreal del avance y del progreso. Esta máquina atendida y perfeccionada por eminentes expertos es la prensa que detiene todo hálito de libertad.


Luchar contra ella resulta casi imposible, a no ser porque sabemos que toda máquina, antes o después, tiene un punto vulnerable. Simplemente hay que encontrárselo.


La educación y la cultura son el eje común y fijo del pensamiento anarquista. Son, en definitiva, los únicos requisitos por donde la máquina no nos pueda engranar, pero tal vez sí nos pueda desgastar.


El miedo a la presión social y los perfectos mecanismos tecnocráticos nos impulsa a generarnos como corpúsculos aislados que se defienden de los ataques frontales en busca de su supervivencia. Ya que si luchamos frontalmente, dada la sociedad castrada que padecemos, perderemos la batalla, y si nos encubrimos en solitario, corremos el riesgo de ser aceptados como puntas de protesta y tolerados en espera de cambios sustanciales.


La libertad tiene y tendrá siempre la contrapartida de la soledad. Pero ¿hasta qué punto la persona aguantará la acometida de esta vulnerable soledad? He ahí la ofensiva de la estructura social. El tiempo y la soledad pueden hacerles ganar la partida. Pero esa misma realidad tiene un índice de duda, su duda, contra nuestra fuerza, su tiempo contra nuestra impaciencia, su seguridad frente a nuestra inseguridad.


Pero con frecuencia oímos y decimos que la mayoría no ha de tener la razón y que generalmente no la tiene, es simplemente el fruto de un juego estructural que nos convence de lo más cómodo, que lucha contra nuestro cansancio, que trata de vencer con el tiempo. Pero el tiempo no existe, sólo existe el presente y en ese presente en combate continuo con la idea ilusoria del pasado y del futuro es donde nosotros/as nos desenvolvemos.


Por ello nuestra utopía de libertad se mantiene y renace ante las acometidas, tratando de demostrar diariamente que las personas podemos vivir en libertad, en solidaridad, en diversidad y en anarquía.


Por ello el proyecto que presentamos es fruto de una realidad cotidiana y de un deseo expreso de mostrar que la libertad colectiva, que es libertad responsable, es posible y procrea una muestra de vida más feliz, e indiscutiblemente mucho mejor, que la que sentimos en esta sociedad sobreprotectora y procaz.


Este proyecto que estamos presentando aúna dos partes fundamentales de una convivencia autogestionaria: uno es el aspecto ideológico. Otro es el aspecto pedagógico.


En el primero se fundamenta el segundo, pero ambos son imprescindibles para conseguir frente a la estructura creada una experiencia de vida digna de ser, al menos, reflexionada.


Con los principios filosóficos del anarquismo y las ciencias educativas, psicológicas y didácticas, pretendemos no sólo demostrar que se puede vivir en libertad, sino que se pueden preparar unas estructuras psíquicas, un racionalismo y unas metas capaces de amar viviendo la libertad y luchando por la responsabilidad, que no es nada más que el respeto a las libertades de los/as demás.


Conjugar ambos aspectos no es fácil. Pero no deben interferirse. La infancia, la pubertad y la adolescencia son procesos de inmadurez en busca de alcanzar la autonomía que da entrada a la madurez. El ser humano nace con la capacidad de…, pero ha de hacerse, ha de construirse su psiquismo, desarrollarse su mente y conjugar ambas con un entorno social que le es inhóspito y contradictorio. Los pequeños y pequeñas han de ensamblar su relación con seres adultos inmaduros, mediatizados y ampliamente deseducados, con un proceso de evolución irreversible que conforma su esencia racional y personal. Con esas condiciones es con las que nosotros/as luchamos constantemente. Y el resultado es el que aquí, y más concretamente en la relación directa con ellos/as, percibimos.


Sabemos que no podemos generar un colectivo autogestionario dentro  de una sociedad que no lo es, pero sí intentamos alcanzar el máximo de libertad, solidaridad y responsabilidad que los condicionamientos sociales nos permiten, en una lucha constante contra lo que está funcionando a nuestro alrededor.


Al mismo tiempo, la acción hacia la sociedad y hacia el entorno que nos rodea es paralela, utilizando las mismas constantes que en el proceso de autogestión educativa. Cultura, educación y evolución es la relación con sus hijos/as y los/las demás.


Es una tarea lenta, con frecuencia desalentadora, porque siempre deseamos alcanzar más de lo que hemos conseguido, pero al mismo tiempo es eficaz, ya que vamos filtrando inconscientemente pequeñas formas nuevas de respeto a la libertad, de aceptación de la persona en su individualidad y tolerancia y comprensión de nuevas formas de ser y de actuar.


Con frecuencia se nos ha dicho que educar es adiestrar y que una escuela siempre es mediatizante, porque adecua a las personas a determinadas formas comportamentales. Estamos de acuerdo con ello, pero también hemos de especificar que, desde que nace el ser humano, todo lo que le rodea, le educa, le adiestra, le influye, le condiciona. Y dejar a los nuevos seres en manos de esos factores condicionantes, no comportaría más que mantenernos pasivos/as ante una acción indiscriminada de condicionamiento. Por ello, frente a esa forma educastradora, nosotros/as contraponemos esta forma educadora, la de educar en y para la libertad, en y para la solidaridad, en y para la responsabilidad, en y para la cultura, en y para la razón, en y para la no violencia, en y para la aceptación, la originalidad y la felicidad.


Las posibilidades que tenemos no son muchas, pero ésta tal vez nos resulte más válida que otras.


La autonomía, la independencia, la libertad son esencialmente autonomía, independencia, libertad de la mente. La razón, el pensamiento y la originalidad son los elementos que nos diferencian del resto de la naturaleza como esencialmente humanos, por lo que nuestro proyecto es primordialmente racional. Pero para alcanzar la madurez racional se necesita tiempo, mucho tiempo, todo el necesario para poder alcanzar la madurez psíquica, intelectual y mental, y todo ello sin desatender las características peculiares que cada edad tiene como condicionante por su proceso de evolución frente a la inmadurez. Conjugar estos aspectos significa estar cambiando constantemente, estar abiertos/as a los procesos nuevos que vitalmente se producen, jugar con los condicionantes y funcionar diariamente con la experiencia que es la huella que cada cerebro mantiene para su posterior funcionamiento.


Si consideramos además que cada ser, cada persona es particular, diferente y original, toda la dinámica ha de adecuarse al mismo tiempo a las características peculiares de cada uno/a que convivimos es esa experiencia de autogestión.


Madurando la emoción, convirtiéndola en afectividad, haciendo que se superen las características específicas de cada edad mental, potenciando experiencias de libertad adecuadas a cada momento y a cada posibilidad, dinamizando los grupos y  el asamblearismo, actuando con el razonamiento y la lógica, eliminando constantemente actitudes autoritarias y emocionales, preferencias o  rechazos, conjugando la lógica y el deseo egocéntrico, vamos configurando una dinámica vivencial que se basa también en la convivencia diaria y su problemática cotidiana, avanzando y deteniéndonos, sofocando la impaciencia y la resistencia de la oposición, venimos manteniendo durante ya casi quince años un lugar donde se pretende lograr una convivencia libre y autogestionada, solapando las bases filosóficas ante la oferta de una educación más sugestiva, porque ofrece felicidad en lugar de tortura, y este mundo no puede olvidar que la esencia misma de su propia existencia es la búsqueda incansable de su identidad y de su felicidad.


No podemos olvidar en el contexto en donde nos desenvolvemos, las infiltraciones constante a las que estamos sometidos/as, no es la consecución de la utopía, pero sí el único camino posible que hemos encontrado hacia ella.


 


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