Poemas y dedicatorias a Pepita

Durante el homenaje a Pepa todas aquellas personas que quisieron pudieron dedicarle unas palabras. Algunas llevaron sus textos escritos y otras improvisaron. Hemos pedido que se nos hagan llegar esos mensajes tan emotivos. Si tú eres una de esas personas que leyeron o hablaron en el patio de las palmeras te agradeceríamos que nos envíes tu mensaje a web@paideiaescuelalibre.org

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PE-PA,  PE-PA,  PE-PA….


por Sandra Guzmán


Tal vez el gris no sea un color triste.


A lo mejor tus cenizas son rojas como tu pelo.


Tal vez la lluvia nazca de ojos riendo


y el cielo sea de verdad azul,


con lucecitas brillantes,


que cuelgan de él por las noches.


Tal vez el mar albergue sirenas y monstruos;


y el aire sea el aliento de tu recuerdo,


que acaricia nuestros rostros


cuando cerramos los ojos...


Tal vez el mundo gire más lento sin ti,


y los pucheros de esta cocina


griten tu nombre


cada vez que rompan a cocer, pe-pa, pe-pa…


La única certeza es


que dejaste tu nombre impreso


en todos los rincones del jardín;


en cada árbol, cazuela, ladrillo


y corazón.


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Durante el homenaje a Pepa, y como recuerdo que perdurará durante tiempo, se plantaron dos mimosas en la Escuela, uno a la entrada y otro en el patio de las palmeras. La mimosa es un árbol que le gustaba a Pepita y se pensó que su plantación haría que su recuerdo tuviese una presencia real. Fernando Cabrero fue el encargado de hacernos llorar con sus escritos....
    


Este es el lugar de la mimosa.  A la anterior se la llevó una tormenta. Hoy vamos a plantar otra que esperamos ocupe este sitio a su manera.



Hace poco tiempo, cuando veníamos  a Paideia y estábamos rodeados de naturaleza y no de asfalto y cemento como ahora, ya  a lo  lejos, identificabas el colegio por la mimosa que te saludaba desde esta esquina. Sobre todo cuando, a finales de invierno y en primavera sus flores amarillas  resaltaban del verde de olivos, higueras y alcornoques. Era la certeza de que te acercabas a la escuela, una escuela viva y vivida, llena de colores y personas que al abrir la puerta te iban a saludar con un beso y una sonrisa, la escuela de Pepita. A ella le encantaba que fuese así y ella se alegraba de ver sus flores y aspirar su aroma... un aroma parecido al de la libertad agridulce y atrayente.  


La mimosa reacciona al contacto y hace que sus hojas se “cierren” durante unos segundos, al más leve toque, de ahí su nombre popular en inglés “no me toques” (don’t touch me). Aquí la tocábamos y olíamos todos y todas… y la queremos seguir tocando y oliendo.


Plantación de la mimosa a la entrada de la Escuela
    


Texto leído por Fernando Cabrero, del Colectivo Paideia
    


Este es el patio de las palmeras, ellas estaban aquí cuando llegamos a esta casa y la hicimos escuela, escuela libre. Ellas compartieron su espacio con cinamomos, olmos, acacias, cipreses, olivos, moreras, arces, almeces, casuarinas,…… también con niñas y niños que corren, ríen, juegan y crecen a su alrededor. Esas risas y esas voces que tanto le gustaba escuchar a Pepita, que tanto significaban para ella.  Aquí plantaremos otra mimosa, uno de sus árboles más queridos.  Ya al lado del otro edificio, el de la gente chica, están los tres cipreses, que también tanto le gustaban, símbolos de hospitalidad: el de la comida, el de la bebida y el de la dormida.
                                         
A esta mimosa, como a la otra, la regaremos y abonaremos con utopía, palabras y risas para que crezca fuerte y sana en esta entrada del patio de las palmeras como símbolo de igualdad y reivindicación de un mundo más justo y feliz.
Plantación de la otra mimosa en el patio de las plameras
    
Texto leído por Fernando Cabrero, del Colectivo Paideia


 


Caminando Vivimos


¿Quién sabe qué es Paideia cuando entra? ¿Quién Sabe quien es Pepita?
Allí vivimos, allí reímos y lloramos, discutimos, resolvemos, aquí vivimos.
Aquí crecemos, pensamos, nos planteamos.
¿Quién sabe quien es Pepita, que es Paideia cuando entra?
Aprendemos, crecemos y te conocemos, y nos conoces.


Y creo que hablo por muchas de mis compañeras, por muchos de mis compañeros cuando digo que nos sentimos felices de de haber formado parte de tu vida, de la vida que nos has facilitado.
Nos sentimos privilegiad@s de la educación que hemos recibido.
Qué sabemos que parte de quien somos ha sido posible por la escuela que construiste, que construimos.


No sé si serías capaz de imaginarte como formas parte de nuestra vida, como, en cualquier momento de un día, apareces, sin razón, y estás.
Y, pasado un tiempo, alcanzas a ver cómo Paideia, cómo tú formas parte del todo que somos.


Si algún objetivo tenías, que no era inmediato, sino a lo lejos, pues si ese objetivo era crear otro tipo de personas, que establecieran otro tipo de relaciones y pudieran hacer de este mundo un lugar más ameno, más amable, y conseguir saborear la felicidad, pues bien, creo que lo conseguiste.


Hoy caminamos por el mundo oliendo y sintiendo la libertad, nos planteamos lo que viene y no lo aceptamos por qué sí.


Caminamos pisando fuerte, luchando, creando nuestros caminos, otros caminos, caminos distintos. Porque conseguiste que deseáramos otras formas, cada un@ la suya, pero otra y con otr@s. Que deseáramos vivir bajo unos valores, los valores de la anarquía, que nos corren por la sangre, y están presentes allí donde estamos.
Y allí, también estás tú.


Gracias por habernos dado otra vida, tu vida.


Rebeca
Del Colectivo Paideia y exalumna


A Don Francisco Giner De Los Ríos


Como se fue el maestro,
la luz de esta mañana
me dijo: Van tres días
que mi hermano Francisco no trabaja.
¿Murió?... Sólo sabemos
que se nos fue por una senda clara,
diciéndonos: Hacedme
un duelo de labores y esperanzas.
Sed buenos y no más,
sed lo que he sido
entre vosotros: alma.
Vivid, la vida sigue,
los muertos mueren y las sombras pasan;
lleva quien deja y vive el que ha vivido.


Celes Pérez


 


Hace más de dos que estamos sin ella, sin oírla, sin verla, sin sentirla... Pero eso no ha hecho que nos hayamos olvidado de Pepa, sino todo lo contrario, ahora más que nunca la tenemos presente en el día a día, a medida que maduramos y nos enfrentamos a las situaciones en contra y a los conflictos de esta sociedad.


Hoy nos reunimos todos aquí homenajeándola, aunque sabemos que todo lo que hagamos no es suficiente, pues ella junto al Colectivo Paideia, en gran parte nos ha hecho a nosotros. Ahora sentimos un gran vacío, ya que nos falta esa gran persona de la que tanto hemos aprendido, tanto queremos y a la que nunca olvidaremos.


Nos cuesta asimilar su pérdida, que ya no esté, que una persona que ha hecho y dado tanto a lo largo de tantos años se haya ido en tan poco tiempo... No nos pudimos despedir de ella y esa espina siempre la tendremos clavada, pero era lo que Pepa quería, no quería que las últimas imágenes que tuviésmos los alumnos (o compañeros, como ella nos hacía sentir) fueran esas, sino que la recordáramos como era: Un ejemplo de fuerza y coraje. Así que luchó hasta sus últimos momentos...


Podemos recordarla como la fundadora de la Escuela Libre Paideia, como a una mujer feminista, como a una importante anarquista, como luchadora de los derechos humanos, sobre todo de las mujeres, o como alguien que ha dado todo por la educación y por formar personas.


Nunca nos olvidaremos de su risa, cada gesto de su cara cuando ocurría alguna novedad, su característico pelo, las inquietantes pruebas que nos hacía en el despacho, sus graciosas palabras en momentos oportunos, los nervios que nos entraban cada vez que levantaba la mano para hablar sobre nuestros problemas en la asamblea, el amor que nos hizo sentir por tantos poetas, pintores, músicos, escritores... Tantos días en la cocina experimentando nuevas comidas, tantos conocimientos que nos transmitió y, cómo no, nunca nos olvidaremos de su voz, esa voz que nos tranquilizó en tantos momentos y nos dió tanto ánimo cuando lo necesitábamos.


El curso en Paideia empieza ya, sabemos que este año va a ser muy difícil y por eso debemos estar más unidos que nunca y darnos apoyo, como la familia que somos. Damos por hecho que esto va a seguir hacia delante, pues hay suficientes ganas y fuerzas para continuar. Todavía quedan muchas personas por conocer nuestro colegio y por sentir la experiencia de crecer, criarse y desarrollarse en Paideia. Damos todo nuestro apoyo a las adultas de simpre y la bienvenida a las que vienen.


Quedan meses muy duros, pero tenemos confianza en que todo saldrá bien, pues ya son muchos años los que lleváis luchando por Paideia. Una vez más, sabed que estamos para todo, que tenéis nuestro apoyo y vamos a hacer todo lo posible para que nuestro colegio sea el mismo sitio que fue siempre, con su alegría, con su vitalidad y con su energía. Eso si, siempre recordando a esta compañera que ha hecho que este sueño sea posible.


Pepa empezó el camino, nosotros lo continuamos. Ella nunca morirá mientras nosotros sigamos caminando.


Sus alumnas y alumno: Jara, Lucía y Marco