Educación con valores

Educar en valores, significa, desde nuestra perspectiva: vivir ejercitándonos en aquello que consideramos valioso.

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Educación pepita

Algunos aspectos positivos de la relación entre las personas son:



  • La posibilidad de que exista la solidaridad entre las personas y los pueblos.

  • El derecho a ser tratad@s igual, con independencia del color, religión, ideología, sexo, género, clase social...etc.

  • La libertad de decidir por nosotr@s mism@s la vida que queremos vivir.

  • La justicia que posibilita un reparto equitativo de la riqueza.

  • La tolerancia que nos capacita para la comprensión de las diversidades humanas.

  • El respeto que nos debemos a nosotr@s mism@s y todos los seres humanos y a la naturaleza.

  • La cooperación y la ayuda mutua que nos hace aunar esfuerzos para conseguir los objetivos que nos proponemos.

  • El diálogo razonado que nos ayuda a resolver nuestros conflictos interpersonales y grupales de forma no violenta.

  • El amor que nos evita la soledad y nos ayuda a caminar por este mundo de forma satisfactoria.

  • La felicidad que nos proporciona la autorregulación y la armonía con nosotr@s mism@s y con l@s demás.


Los seres humanos podemos elegir muchas cosas y otras muchas no; pero indudablemente sí podemos elegir cómo queremos vivir y por ello, vamos realizando elecciones desde que nacemos. Nuestras elecciones, nuestra capacidad de libertad de elección entra generalmente en confrontación con las limitaciones que las normas sociales nos imponen. El ser humano debe mantener una lucha constante entre lo que quiere, lo que puede y lo que debe, es decir, entre su libertad, la libertad de l@s demás y las coacciones que constantemente le presionan.


Educar en valores, significa, desde nuestra perspectiva: vivir ejercitándonos en aquello que consideramos valioso.


En una línea individualista, para cada persona es valioso aquello que cree que le beneficia en oposición a lo que le perjudica. En una línea colectivista, social, grupal, debe ser valioso aquello que genera el bien común.


Un centro educativo, es el lugar en donde la infancia, la pubertad y la adolescencia han de aprender a vivir y a recibir la cultura de la humanidad.


El cómo se ejerciten en esa vivencia y el cómo se les transmita esa cultura dependerá de la ideología de las personas que se las faciliten.


Que la escuela no es ni puede ser neutra, es algo que ya no podemos discutir, dado que cada persona de este mundo posee una particular manera de interpretarlo y eso, en definitiva no es más que una ideología y con ella educamos, es decir tratamos de transmitida a nuestro alumnado ya que pensamos que nuestra percepción es la mejor y como forma parte de nuestra manera de ser y de pensar, lo queramos o no, lo estamos constantemente proyectando y exigiendo.
Sin ir más lejos, nuestra escuela actual es ideológica y se sustenta, potencia y transmite los valores que le pertenecen. El paramos a pensar qué valores transmite y de ahí deducir la ideología que sustentamos, sería un buen ejercicio de reflexión y clarificación. Es más valioso aceptar lo que somos y transmitimos que transmitir sin saber qué es lo que estamos haciendo.


Pero si por ahora, analizamos a las personas que este sistema educativo produce, tal vez nos pongamos en la situación de paliar algunos aspectos.


La escuela tiene una estructura autoritaria con una jerarquía muy delimitada y concreta: Ministerio de educación que dicta las leyes, consejo rector que las transmite y hace cumplir. Es por lo tanto un sistema rígido e impositivo que a través de un determinado currículo y de normas muy estrictas proyectan unos valores y una ética determinada.


¿Qué valores son los que transmite? ¿Qué ética construye en las nuevas generaciones? Si partimos de la máxima de que nadie enseña nada sino que cada persona aprende lo que quiere; el profesorado actual se encuentra bastante frustrado ya que su finalidad es "enseñar" un programa y el alumnado lo que desea es aprender a vivir; aprende lo que le interesa, desestima lo que se le quiere enseñar y memoriza -sin sentido- conceptos carentes de utilidad y que olvida en cuanto "puede comenzar a vivir". Y mientras esto sucede, durante casi dieciocho años de la vida: para un@s y una media de casi cuarenta años para otr@s, una estructura de piedra, verjas, puertas cerradas, castigos, notas, horarios rígidos, programas, exámenes, cámaras de seguridad...etc. ahogan las ansias de vida y felicidad de un@s y otr@s .


Pasarse la vida profesional tratando de imponer a la gente joven el aprendizaje de unos larguísimos programas, realizando constantes y traumáticos exámenes, aburridísimas evaluaciones, implacables notas, frustrantes suspensos...algún que otro aprobado y pocos notables y sobresalientes, no parece un resultado muy gratificante para la realización personal de l@s trabajadores de la enseñanza y la educación. No es de extrañar el índice tan alto de profesionales de este ramo que sufren depresiones u otras psicopatologías.


Sabemos que un estado de frustración continuada ocasiona más o menos manifestaciones de violencia y esa violencia se hace manifiesta en las relaciones existentes entre alumnado y profesorado, alumnado contra alumnado, profesorado, alumnado y familias en todos en desacuerdo y con finalidades e intereses diferentes. Todo un cúmulo de realidades que consigue que nos encontremos con unas generaciones jóvenes desajustadas, violentas, competitivas, discriminativas, apáticas, acríticas, apolíticas y expresamente conservadoras. Todo ello consecuencia expresa del sistema educativo que se padece.


Toda esta situación ha producido una importante crisis de valores, porque se han considerado valores: el dinero y el éxito personal por encima de los valores humanos universales. Y la escuela se ha hecho eco de ellos y ha colaborado en desestimados y obviarlos, mientras potenciaba un sistema competitivo que reforzaba la construcción de personalidades carentes de objetivos "nobles" en sus vidas, buscando una cotidianeidad acomodaticia, sin compromiso y explícitamente conservadora.


El aspecto más significativo del que adolece el sistema educativo actual, es la desconsideración que hace de la educación en la Responsabilidad.


Responsabilidad supone la capacidad de responder desde un@ mism@ a los compromisos adquiridos; es decir, responder de lo que se es, responder de lo que se hace, responder de lo que se dice para lo cual es condición primaria que la persona sea y se sienta autónoma, qué es lo mismo que decir con capacidad para dar y responder a sus propias normas y directrices de vida.


La educación en la responsabilidad ha de comenzar con los primeros años de la vida, a la par que las criaturas comienzan su proceso de evolución, maduración y desarrollo, una de las primeras cosas que deben aprender es a responsabilizarse de su cuerpo (higiene), de su salud (alimentación-movimiento-juego) y de sus emociones (autorregulación). Aprendizajes que no se realizan normalmente por considerar que las criaturas pequeñas están totalmente indefensas y obviando, lamentablemente, su enorme capacidad de asimilar y realizar infinidad de actitudes, aptitudes y comportamientos nuevos. A partir de estas edades, las criaturas deben ir progresivamente determinando y asumiendo nuevas y complejas responsabilidades que las convertirán en personas independientes capaces de conseguir cotas cada vez más amplias de libertad.


Libertad y responsabilidad son dos valores que van siempre unidos, ya que de la puesta en práctica de uno se genera la amplitud del otro.


La juventud actual carece de sentido de la responsabilidad y por ello sus posibilidades de libertad son bastante inexistentes. El carecer de sentido de la responsabilidad, presupone que estas personas son dependientes, sumisas, adaptativas, egoístas, inseguras y sobre todo lo más importante: agresivas y violentas. Ya que el proceso natural de autonomía e independencia que la persona requiere para desarrollarse y madurar se encuentra frustrado sobre todo por la dependencia y la sumisión, lo cual genera actitudes patológicas, potenciando una juventud deseducada, vulnerable y de fácil conducción, a no ser que tanta violencia acabe por generar una sociedad alarmada que, con facilidad, demande y justifique gobiernos totalitarios y tiránicos ya que cuando no se sabe ser libre, la dependencia y la sumisión reclaman, para su seguridad, más represión y más limitación de las libertades individuales.


Seguir educando -sin valores universales- supone condenamos a tener que padecer de nuevo, años de oscurantismo, violencia indiscriminada y sobre todo mucho padecimiento, mucha tristeza y mucha ausencia de felicidad.


Josefa Martín Luengo
Colectivo Paideia
Mérida