Estupidez

Últimamente voy caminando por esta vida tratando de seguir sorprendiéndome por todo lo que me rodea y aunque en ocasiones me digo: “ya no me sorprende nada”, intento ir contra ese pensamiento y no limitar mi capacidad de asombro, porque ella me ayuda en mantenerme lúcida lo más posible.

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Y desde luego, aunque hay cosas que ya no me pueden sorprender, sí me sigo manteniendo despierta cuando me encuentro con hechos –cada vez más cotidianos- de inusitada necedad.


Se supone que el ser humano tiene la capacidad de ser inteligente, de pensar razonadamente, de realizar introspección, de analizar y verbalizar su pensamiento, de generar ideas y sobre todo de usar esa inteligencia para buscar su felicidad y la de aquellas personas a las que quiere.


Yo no sé, si lo que se considera como inteligencia se encuentra bien definida así como lo que se considera como estupidez.


Lo cierto es que intentando analizar los hechos que cada día nos rodean, se me crea algún tipo de confusión. Si me centro en el campo que más conozco que es de la educación, la cuestión se complica todavía más.


Posiblemente sea el campo de la educación en el que la estupidez que nos asiste se evidencie más que en otros, porque se supone que estamos trabajando para que las nuevas generaciones sean el “futuro” y un “futuro mejor”.


Ahí nos encontramos con hechos tan -nos parece evidentes- que desconciertan nuestra lógica y nuestros conocimientos de los hechos.


Hay, sobre todo, una situación que no entendemos, no sabemos si por que es estúpida o porque tenga una lógica desconocida para nuestras mentes. Vamos a tratar de explicarla:


Se supone que las madres y los padres quieren mucho a sus hij@s y buscan y desean para ell@s. “lo mejor” -eso es lo que escuchamos habitualmente-, y eso “lo mejor” quiere decir que sean felices, que no sufran traumas, que no tengan problemas, que no padezcan violencia, que no se les discrimine, que sean buenas personas” y que tengan y practiquen unos valores humanos.


Esa es la dialéctica que padres y madres universalmente expresan verbalmente y sienten y lo creen. Esto que es fruto de unas mentes coherentes y responsables a la par que amorosas y por ello “deben pensar” que el resto de l@s mortales quieren eso mismo para sus hij@s y para l@s hij@s de l@s demás.


Evidentemente en esta exposición hay una clara contradicción, porque si es cierto que los padres y las madres sienten lo expuesto por sus propias hijas, no es cierto que el resto de las personas con quienes sus criaturas se van a relacionar quieran lo mismo. Por lo que esta forma de pensar, parece que tiene algo de estupidez e ignorancia, porque encontrar personas que actúen y sientan de sus mismas maneras, no suele ser lo habitual.


Ya que l@s hij@s de otr@s no son ni vist@s ni tratad@s de esa particular manera. Así que si excepcionalmente se encuentra afortunadamente con esta situación, deberían sentirse felices y potenciar esa situación. Pero NO, no es así, no sabemos por qué, con relativa frecuencia madres y padres que tienen criaturas amadas por otras personas y felices, resulta, que no sabemos por qué mecanismo, les cambian la situación para convertir el afecto en rechazo, felicidad por infelicidad.


Tal vez piensan que condenando su presente defienden un futuro que no existe, tal vez creen que la felicidad es condenable y el ser humano debe “padecer” para alcanzar el “paraíso” o simplemente su necedad sobrepasa los límites humanos permisibles.


Conociendo lo que madres y padres expresan “como sus deseos” para sus hijos e hijas, no es lógicamente comprensible que se atrevan a decir “que están pidiendo las cadenas de la represión”, sabiendo que la represión es tortura que realiza un ser fuerte contra otro más débil. ¿Es esto estupidez, es necedad, es ignorancia o es simplemente rechazo de la felicidad humana?


¿Cómo se puede comprender que los padres y madres actuales “acepten” una ley de calidad que es a todas luces fascista, represiva, discriminativa y selectiva a niveles intolerables? ¿No será que la pérdida de la perspectiva solidaria haga creer a la gente que esta ley beneficia “a mi hijo o hija” porque a su vez discrimina a “los hijos e hijas de l@s demás”?.


Tal vez no recuerdan o desconocen las frases de Beltrot Brech cuando afirmaba” que hoy vendrán a por el negro, mañana a por el socialista, pasado por la mujer, luego por el pobre, etc...y al siguiente día por TI.”(no es literal).


¿Y cómo podemos entender que tantas y tantas personas sigan creyendo en las promesas de los gobiernos -como el que padecemos-, que lo único que hace es anunciar y defender la misma sociedad fascista que padecimos durante cuarenta años., y que hoy se acepta como si se tratase de una oferta novedosa? ¿No es acaso una tremenda estupidez, una incorregible necedad y una enorme ignorancia?


La estupidez humana no tiene límites. Es una realidad que conocemos día a día.


Esta España de nuestros pecados tiene unas características peculiares que la hacen ser un país que odia el progreso, venga de donde venga, Es conservadora aunque ello le suponga esclavitud, ignorancia y pobreza. Extremendamente individualista y rechaza el colectivo como forma de apoyarse mutuamente en pro de objetivos comunes; por ello es envidiosa de l@s demás y potencia enemig@s en lugar de colaborador@s Es machista en grado sumo, por lo que sus relaciones con el otro género están cargadas de violencia. Es desconfiada, supersticiosa y religiosa como fruto de su ignorancia.


En definitiva anclada en el pasado sigue “llorando porque le lavan la cara”, eje claro de una gran estupidez.