Muert@s verticales

IGUALANCIA. Diciembre-2007


Como en la actualidad parece que la  conciencia política e ideológica se ha quedado reducida a celebrar cada día  del año una protesta por la infinidad de tropelías que padecemos, el 8 de marzo, se va difuminando en esa vorágine que nos quiere hacer creer que si protestamos todos los días del año por una situación lamentable que padece la humanidad actual, ya estamos cumpliendo con nuestra responsabilidad social de oponernos y luchar contra estas lamentables situaciones; más bien parece una forma de manipulación que acalla nuestra conciencias y nos hace creer que somos personas activas que ejercemos una acción directa para paliar lo que padecemos.

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Siguiendo la tradición cultural-cristiana de celebrar el día del padre, de la madre-que ennoblecen a la familia-, ahora conmemoramos el día contra la globalización, contra la agresión al medio ambiente, contra el maltrato a los animales, contra el abuso de la telefonía móvil y un largo etcétera. Así, sin movernos de nuestras casas, nos sentimos consolad@s por  nuestro buen hacer, mientras el mundo se debate en muertes, guerras y deshumanizaciones varias; todo para evitar que se realicen actos que verdaderamente puedan crear alarma social e incitar a algún que otro cambio importante.


Mientras todo esto sucede, nosotr@s seguimos con nuestra cotidiana vida de conservadurismo, consumo y pasotismo, pero eso sí, con el engaño sutil de que nos enfrentamos a la realidad y tratamos de cambiarla.


Siempre hemos dicho que la manipulación que el poder ejerce sobre el colectivo humano es muy fuerte y muy bien orquestada, ya que nos hace actuar de un modo u otro, para evitar que verdaderamente pensemos y como consecuencia actuemos y actuar pasa por “cambiar” y cambiar quiere decir alterar el orden existente, el orden establecido que perpetuamos con nuestros actos iterativos, monótonos y siempre iguales. ¡Hay que ver lo difícil que nos resulta alterar pequeños actos de nuestra cotidianeidad!, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, si nos paramos a pensarlo, realizamos infinidad de acciones iguales a los días  anteriores e iguales a los días venideros, parecemos autómatas sin imaginación.


Ya sabemos que es cierto que la repetición de los actos conocidos nos proporciona seguridad y la seguridad es el oponente al riesgo, a lo nuevo, a lo creativo, al error y a la libertad.


Pero debemos ser sincer@s con nosotr@s mism@s y decirnos que hace tiempo que desechamos las ansias de libertad, desde ese mismo día en que comenzamos a ser siempre iguales, siempre previsibles, siempre adaptad@s a lo que se espera de nosotr@s.


Sin apenas darnos cuenta nos vamos convirtiendo en una imagen distorsionada de nosotr@s mism@s y lo peor de todo es que pensamos que vamos evolucionando, que vamos avanzando, que vamos progresando, cuando la triste realidad es que nos vamos estereotipando que es lo  mismo que decir que vamos dejando jirones de nuestra libertad en cada jornada en la que nos repetimos como un disco rayado.


El problema se encuentra en que cada vez más gente se automatiza, más gente piensa que avanza en su parálisis y el cerco que nos rodea apenas nos permite respirar ¿cómo levantar un puño de protesta ante tanta buena intención generalizada?


La cuestión es complicada, porque a veces parece que la única salida se encuentra en la mente, en la imaginación en lo que podemos hacer en nuestros deseos creativos que no tienen freno y sí libertad.


Mas es un consuelo pequeño, casi insignificante, un recurso para no perder la esperanza, pero no sirve de mucho, porque lo auténticamente importante y satisfactorio en rehacer, es reconvertir, es recrear, es reinventar y al colectivo humano le cuesta demasiado esfuerzo romper las cadenas de las normas preestablecidas; normas que ya ni tan siquiera vienen de fuera, normas que cada persona se impuesto para defender su seguridad.


Seguridad. . .¿qué significa esta palabra; ausencia de riesgo, de eventualidades, de temores, de fracasos, de errores. . . de vida, porque la vida es precisamente la capacidad de asumir el riesgo  de lo nuevo, de lo que está por hacer, de lo que está por reconstruir.


Seguridad. . .¿para qué? Para cambiar nuestra libertad de pensar y de hacer, por la repetición de lo ya pensado y ya hecho.


La seguridad nos calma las emociones, nos difumina los sentimientos, nos ahoga las ilusiones, nos descabalga de la verdad y nos sumerge en esa sutil pseudo mentira de la estabilidad.


Los poderes pueden estar tranquilos, la farsa recubierta de verdad, funciona al cien por cien. Ya que l@s ideológicamente conservador@s, siguen su tradición coherente con sus pensamientos, los no conservador@s hacen lo mismo pero celebrando el día de la protesta turno”. Las diferencias son poco evidentes, las diferencias son realmente inexistentes.