Los adolescentes

La samblea. nº 9- Verano- 1990.


Si consideramos a las personas como seres en proceso de evolución y maduración, desde antes de su nacimiento, hasta después de su muerte. Nos hemos de detener a reflexionar sobre la importancia y trascendencia de ciertas etapas de esta evolución, extremadamente sensibles a procesos internos y externos, que van a configurar su estructura mental y psíquica, necesaria y mediatizante, para alcanzar una vida feliz e integrada.

Más información

Ficheros adjuntos

Los adolescentes La samblea. nº.9. Verano 1990

Etiquetas

La samblea boletines pepita

Entre las etapas  evolutivas, todas ellas de vital importancia para un completo desarrollo, la adolescencia, es particularmente trascendental par las personas en vías de transito hacia su conocimiento y aceptación y su situación integrada en una sociedad que les espera como generaciones nuevas con responsabilidad social.


Si percibimos estas edades como básicas para la integración posterior de la persona, nos hemos de dar cuenta, forzosamente, del bombardeo contradictorio a qué les sometemos.


Los mensajes, valores y capacidades operativas que se trasmiten desde la familia, los centros de enseñanza, el mundo del trabajo, las ideologías existentes y la vida cotidiana de los seres que les rodean, son eminentemente contradictorias y con frecuencia, antagónicas.


Si tenemos en cuenta, que los/as adolescentes, entre 14 y 18 años, viven a nuestro alrededor, siendo considerados/as, como productos que se van a elaborar para satisfacer deseos ajenos a ellos/ellas, hemos de reconocer, que los dejamos abandonados/as, a un mundo hostil, plenos de indefensión y de objetivos reales y satisfactorios para conseguir.


Tal y como se encuentra el Sistema Educativo y tal y como se proyecta la nueva Ley de reforma educativa, estas personas permanecen situadas en un mundo sistematizado, que los usa como elementos económicos, de cambio, de progreso y de actualización, pero en ningún momento como personas que tienen unos derechos y una palabra, que ni se respetan ni se les permite usar.


Ponerse a estudiar  qué necesidades tiene una sociedad para “progresar”, olvidando o superficializando, las características peculiares de estas personas, es como querer comenzar una casa por el tejado, en donde se va a elaborar una construcción sin cuidar profundamente sus cimientos. Por ello, como es ya historia en nuestras reformas educativas, los resultados van a ser inoperantes a la vez que frustrantes, porque si no se tienen en cuenta, qué necesidades tienen estos/as adolescentes y jóvenes, ineludiblemente los vamos a conducir hacia el fracaso y hacia la frustración, generando nuevamente una sociedad neurotizada, robotizada e inmovilista.


La situación el la que viven los/las jóvenes de estas edades, en momentos en los que o bien abandonan los estudios, o bien han de decidirse hacia campos concretos de capacitación profesional, en momentos en qué sus personalidades están sujetas a profundos cambios, situaciones éstas, que se desatienden en su ritmo de desarrollo, y se les somete a un paso rápido que va de la dependencia a la demanda de autonomía, de la irresponsabilidad a la respuesta responsable que los adultos/as les demandan, de la emoción, el juego y el descubrimiento del propio “yo”, a la madurez psicológica, para la que no han sido preparados/as.


Los centros educativos a los que acuden, los desatienden como personas conflictuales dentro de su propia identidad, para usar su tiempo y su vida, en beneficio de sujetos ajenos a ellos/ellas. Notas , exámenes, trabajo continuado y monótono, que no les deja tiempo ni tan siquiera para poder comprender y comprenderse.


Se les proyecta par ir por un camino qué generalmente no les pertenece y que es voluntad de otros/as, padres, madres, parientes, profesores, profesoras, sistema, promoción, éxito, fracaso…etc…, situaciones en las qué en ningún momento nadie se detiene a pensar quiénes son, qué quieren, qué buscan, qué aman, en definitiva, cuáles son sus más preciados intereses y necesidades, que son los elementos reales que les pertenecen.


Se les hace vivir en una realidad ajena y distante, en donde únicamente triunfan si responden a las demandas de los/ las demás, con las variantes individuales de esas demandas, con frecuencia en contradicción unas con otras. Se les mata la vida porque no se les deja vivir y se les anula la fuerza positiva de ser y sentirse personas aceptadas en sus individualidades, valoradas en sus esfuerzos continuados por encontrarse a sí mismos/as  y proyectar sus valores sobre el mundo que les circunda.


Se les induce a abandonar la vida, para  asumir una jornada de trabajo de más de ocho horas (después de tanto luchar por una jornada laboral justa), se les hace correr por la vida como si de una carrera de obstáculos se tratase, con el enorme agravante de no saber cuál es la meta, su meta, su vida.


Se les hipoteca un presente maravilloso que no volverán a vivir, por un futuro ambiguo e irreal, que se proyecta desde un “hoy”, sujeto a innumerables cambios, por medio del cual se les niega la posibilidad de poder ser y vivir en la realidad y hacer de esas realidad algo hermoso lleno de placer y de emoción.


Esta sociedad es poco sensible a esta tremenda injusticia que se comete diariamente sin reflexión  y sin trascendencia.


Los padres, las madres, procrean hijos/as, para suplir sus propias frustraciones y por ello, recrean nuevas generaciones fracasadas porque no se pertenecen a ellas misma, con lo que perpetuamos un mundo infeliz en donde se vive con desaliento porque lo que se alcanza, cuando se alcanza, no responde a una necesidad primordial de la persona.


Los profesores y las profesoras, contribuyen a esta falacia educacional, buscando satisfacción a sus propias frustraciones, deducidas del mismo sistema educativo que han padecido y ahora perpetúan.


Sumergidos todos y todas a un sistema competitivo irracional generamos una sociedad inmadura, violenta, desvalorizada y con frecuencia cruel, que pretendemos ignorar respaldándonos en qué eso es lo que se demanda de nosotros/as.


Si nos detenemos un instante, en esta vorágine insatisfecha de la prisa y la demanda, hemos de apreciar sin gran esfuerzo, la enorme insensatez que padecemos y motivamos.


Este mundo y esta sociedad se apoya en pilares irreales, en donde la función de vivir y gozar, se cambia por la de sufrir y fracasar. El ser humano inteligente no puede admitir que la vida corta y única, haya de ser forzosamente un cambio de obstáculos insalvables e inalcanzables, sino, instante tras instante de ser, pensar y amar, objetivos únicos que diferencian a la persona del resto de los  seres vivos.


El desaliento de nuestros/as jóvenes, es una responsabilidad de todas las personas que habitamos este, tal vez inhóspito,  pero único planeta, en donde vivir es la única realidad que nos pertenece y dejar que los otros/as vivan, la responsabilidad común que nos identifica como especie.


Es hora ya, de abandonar esquemas viejos y anquilosados, y en nuestra calidad de seres racionales y emocionales, generar entre nuestros/as jóvenes, una realidad placentera digna de ser vivida, digna de ser sentida, digna de ser amada.


Generemos, pues, una sociedad de vida y no de muerte, de éxito y no de fracaso, de realidad cotidiana y no de irrealidades futuras.


Si hemos de ser máquinas, al menos, que produzcamos felicidad y no tortura. Pero si deseamos ser personas, facilitemosle a las generaciones futuras un mundo lleno de posibilidades, emociones y belleza y no de violencia, competitividad y amargura.



                                    -----------oOo--------------