Educación para una sociedad libre

La samblea. Nº 8 –Otoño- 1988.


Si por no perder la costumbre, nos ponemos a reflexionar y el concepto lo tomamos como una parada colectiva hacia la búsqueda de soluciones mejores; no está de más en los ardores del verano pensar mancomunadamente sobre la Educación.

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Educación para una sociedad libre La samblea. nº.8 1988

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Este  término universalmente traído y llevado, pleno de contradicciones y sujeto a múltiples y antagónicas acepciones, que en lugar de clarificar nuestras mentes, parece conducirlas a un callejón sin salida.
 
Resulta difícil de deslindar lo Pedagógico de lo ideológico, de lo político y de lo histórico, tal vez  porque los saberes que en estos conceptos subyacen tengan que ser y permanecer hermanados para encontrarle sentido a una respuesta coherente.


Lo que si parece ser verdad aceptada ampliamente, es que la educación es algo social y algo humano; ya que surge de la persona misma (mujer-hombre) y de su identidad como ser social que vive y se potencia en un grupo para alterar y mejorar la realidad existente.
 
La Educación, no puede ser simplemente un conjunto de reglas, normas, conceptos, actitudes; como no puede encaminarse a una sola faceta del ser pensante. La aceptación general y teórica indica que debe ser integral si consideramos que éste término engloba todos los componentes, físicos, psíquicos y sociales que integran un ser humano.


Determinar la educación hacia uno de estos aspectos de la personalidad, es convertir a ésta en un elemento mediatizador puesto al servicio de un sector personal, que de nada le sirve ni le ha de servir a la persona como sujeto del quehacer  histórico.


Por otra parte, buscarle un amo a la educación como si de un elemento objetivo
tangible se tratara, es mostrar y aceptar  una falacia que nada tiene que ver con la existencia real del término que nos ocupa.


A lo largo de la un historia encontramos un ente prioritario a la hora de salvaguardar la cultura y proyectarla hacia un futuro; y este es la Iglesia. Ella es la única entidad que ha sido capaz de introyectar la cultura  de los pueblo clásicos  a los pueblos germanos, padres de nuestros estados modernos. Y es ella y lo logra con éxito, porque no trata de configurar un orden de transmisión conceptual y rígido, conforme a unos cánones establecidos, sino que propagando una fe pobre, humilde y asimilable por los pueblos a los que iba dirigida, crea en ellos la idea de formar y configurar una determinada conciencia, una particular forma de ser. Es decir, ha actuado sobre las conciencias, llevando de señuelo una cultura pagana, porque era la única existente. Sabiamente supo conjugar la reducción de un pensamiento colectivo a una fe ingenua y primitivista, al tiempo que, saliendo fuera de su propia intencionalidad, salvaguardó para la historia, las culturas paganas de la antigüedad.
Con todo esto, adonde deseamos llegar es a exponer, que la iglesia y su predominio sobre la educación de los pueblos ha sido exitosa, porque centralizó sus esfuerzos en conseguir un único objetivo. Un cambio en las conciencias de los pueblos y para conseguirlo encontró la vía de acceso, y para conseguirlo no tuvo más remedio que incorporar un saber hasta entonces establecido, que le facilitó el camino y la dignidad para establecer un puesto preeminente en la historia de las civilizaciones y en la historia de la educación.


Cuando hoy, con bastante frecuencia nos sorprendemos del poder institucional y concientizador que tiene la Iglesia, no nos queda más remedio que ser prudentes y sabios y recoger de la historia pasada aquellos elementos que nos son válidos para reestablecer del devenir, para transformar la realidad que “es” en esa realidad que “debe ser”.


Pero este objetivo es inalcanzable, si por ignorancia o precipitación, perdemos el estudio, la reflexión y las aportaciones válidas, que un pasado lejano e inmediato nos ha de proporcionar para poder reconstruir el presente y prospectivar el futuro.


Muchas veces se ha dicho y con una gran clarividencia, que quienes olvidan la historia, están condenados a repetirla, y estas repeticiones se van ya convirtiendo en costumbres a lo largo de nuestra historia reciente.


Sin olvidarnos de los aciertos y errores de los que somos herederos recientes, hemos de encararnos con el término Educación, con objetividad y con la presencia constante de esas realidades del pasado, sin las cuales no podremos encaminarnos hacia el futuro con un mínimo de posibilidades de poder responder a nuestras responsabilidades sociales de establecer las bases para un mañana más digno, más justo, más equitativo, más libre y más humanístico.


Ahora bien, la acción educativa, no ha sido ni puede ser objeto y acción de uno o varios sectores de la sociedad, debe ser el resultado de los esfuerzos colectivos de todos los sectores que configuran la sociedad.


Con frecuencia, existe una batalla fría o caliente, sobre la posesión de la responsabilidad educativa. De esa forma, en lugar de contribuir al futuro cada persona con la parte que le corresponde de responsabilidad social y de cada colectivo profesional, político, científico, intelectual o tecnológico como elementos coadyuvantes de esta misma responsabilidad.


Es hora ya, de dejar atrás aspectos y actitudes anacrónicas que a lo único que nos han conducido ha sido a un inmovilismo deteriorante de la realidad que tenemos la obligación de transformar.


No vamos a plantear aquí la dicotomía de si la Escuela ha de ser Pública (Estatal) o Privada, porque consideramos que la antinomia se resuelve con la aceptación por parte del Poder constituido de las Escuelas Libres, en lo que se refiere a cada escuela pueda acceder y llevar a la práctica un Proyecto Educativo que responda a una demanda social, sea más o menos minoritaria. Porque el caer aquí haría que nos detuviéramos en la dialéctica propuesta. La alternativa que planteamos es la de crear una conciencia colectiva de fuerzas que redunden positivamente en el campo de la Educación, y para ello, hemos de decir, que esto no será posible, si todos y todas los ciudadanos y ciudadanas de un contexto social, no se implican  en el quehacer educativo, como la función básica de una responsabilidad social, que como habitantes de un pueblo cada uno de ellos y ellas, tienen


Plantear una escuela fuera de la realidad, sin tener en cuenta su trayectoria en el pasado, sus realidades preexistentes y su prospectiva hacia el futuro, es plantear un híbrido carente de realidad y de consistencia.


Por otro lado, plantearnos una escuela aséptica, acientífica, sin ideología, sin diálogo, sin creatividad y sin afectividad, caería dentro de los límites de la estupidez irreflexiva.


La escuela que luchamos por tener, es una escuela abierta al diálogo participativo, al análisis de la realidad existente, a la innovación y al progresismo, al esfuerzo individual y colectivo, al estudio continuado y al diálogo ininterrumpido entre todos aquellos/as que se sientan con ánimos y deseos de contribuir con su esfuerzo a un proyecto en común de transformación de la realidad y de la responsabilidad colectiva.


La escuela, debe ser un servicio puesto al alcance de los habitantes de un pueblo comprometido y progresista, y no al servicio de intereses comunes, egocéntricos e inmovilista.


Transformemos la escuela para transformar la realidad, ya que la una sin la otra no son factores de cambio, y para poder aportar un escalón a la historia, todos y todas debemos sentirnos comprometidos en un esfuerzo común de crear una sociedad mejor y más justa para todos los habitantes de este pueblo.


 


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