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Padres estresados con niños hiperactivos

Pediatras estadounidenses denuncian la tendencia a sobrecargar la vida de los niños con actividades extraescolares


artículo publicado en El Mundo, el 19 de noviembre de 2003

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 Los pediatras americanos han dado la voz de alerta contra la tendencia cada vez más acusada de sobrecargar a los niños con actividades extraescolares. «Estamos ante una auténtica epidemia», advierte el doctor Alan Lyman, director de Pediatría en el hospital Beth Israel de Nueva York. «Los padres llevan unas vidas hiperactivas y están proyectando en los niños el mismo tipo de conducta».


Según un reciente estudio de la Universidad de Michigan, los niños americanos han perdido el 25% de su tiempo libre desde 1981 y disponen de 12 horas menos a la semana para jugar. El mismo estudio revela que la participación en actividades extraescolares ha aumentado un 20% y que millones de niños se embarcan en jornadas maratonianas de más de diez horas fuera de casa.


El contacto directo con los padres ha caído entre tanto en picado: tan sólo una de cada tres familias admite cenar juntos a diario. El 70% de los niños reconoce que pasan «poco tiempo» junto a sus progenitores, y que la razón no es otra que las (largas jornadas» de unos y otros.


«Quemados a los diez años>, titulaba recientemente a doble página The New York Post, que denunciaba la obsesión de los adultos por pisar el acelerador de la infancia.


«La quemazón laboral que arrastran los padres empieza a ser evidente en los niños», sostiene el doctor Richard Gallagher, director del Parenting Institute de la Universidad de Nueva York. «Por mi consulta han pasado varios niños que te confiesan que hacen tantas cosas que no se pueden concentrar en ninguna».


Gallagher ha detectado en los padres americanos, y en especial en los neoyorquinos de clase media-alta, una creciente presión social para inscribir a los niños en todo tipo de actividades. «Los padres que pueden permitírselo económicamente se sienten culpables si el niño de tres o cuatro años no está yendo a clases de francés, fútbol o ajedrez», afirma el doctor.


La Academia Americana de Pediatría ha tomado cartas en el asunto y ha prevenido contra la sobreprogramación de los niños. Los pediatras recuerdan la importancia del juego y del tiempo libre en la infancia y recomiendan a los padres moderación a la hora de inscribir a los niños en actividades extraescolares, sobre todo antes de los seis años.


Muchos padres afirman, sin embargo, que lo que de verdad les guía es el interés de los niños por los deportes, la música, los idiomas o el arte. «Mi hija es la más feliz del mundo cuando está practicando algún deporte», afirma Amy Kalz, madre de Lindsay, 10 años, que pasa una media de once horas fuera de casa de lunes a viernes. «Cuanto más tiempo pueda tenerla fuera del apartamento, haciendo cosas que de verdad le interesan, mejor paraella».


Desde los seis años, Lindsay tiene su propia agenda y practica eso que las empresas llaman gestión del tiempo. Su caso es el pan de cada día en Manhattan, donde los niños conciertan citas para poder jugar con dos o tres semanas de antelación.


Puestos a estirar el tiempo, las actividades extraescolares en algunos colegios de Nueva York empiezan incluso a las siete de la mañana, cuando apenas ha despuntado el sol.


Tal es el caso de Miranda Gonzales, 12 años, que tenía que levantarse a las seis de la mañana para llegar a tiempo a la cancha de la Manhattan Town School. Tras las siete horas de clase, la esperaban aún las prácticas de fútbol, patinaje sobre hielo y hockey.


El estudio de la Universidad de Michigan recoge también casos como el de Andrew Obergh, de siete años, que pasa siete horas diarias en la escuela y doce semanales de fútbol y kárate... «Estaba tan ocupado que tenía que aprovechar los recreos para hacer los deberes», admite el niño, que convenció a sus padres para que le dejaran más tiempo libre y ahora ha descubierto su pasión por las construcciones y por el aeromodelismo.


El agotamiento, el estrés, la hiperactividad o incluso las depresiones infantiles han forzado a algunos padres a dar marcha atrás, pero la tendencia del hyperporenting (hiperpaternidad) sigue en alza. Las actividades extraesco1ares se han convertido casi en un factor de rivalidad y de estatus entre los padres americanos.


«Esta obsesión por llenar la agenda de los niños ha relegado a los padres a la condición de chóferes o de agentes de sus hijos», advierte la psicóloga Alvin Rosenfeld, autora de The Over-Scheduled Child «<El niño sobre programado»).


«A la larga los niños echarán en cara a los padres el haberles privado de una infancia normal y relajada», sostiene Rosenfeld. «Si les dieran la libertad de elegir, los chavales queman tener tiempo libre para jugar con sus amigos y también tiempo para estar junto a sus padres, a los que apenas ven a lo largo de la semana».