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De la política a la ética

FOUCAULT
FRANCISCO VAZQUEZ GARCIA.La historia como crítica de la razón. Ed. Literatura y ciencia S.L.1995 -Barcelona

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De la política a la ética Foulcault. La historia como crítica de la razón

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DE LA POLITICA A LA ETICA.-pag141149


“Los mecanismos de poder eran las técnicas de disciplina, procedimientos que tenían como objetivo el
MOLDEADO DEL CUERPO INDIVIDUAL.


A partir de 1976, el tipo de poder estudiado por Foucault es de naturaleza diferente; se trata de los mecanismos reguladores que apuntan, no al organismo individual, sino a la población afrontada en sus episodios biológicos.Si en los procedimientos disciplinarios se detectaban acciones de poder situadas en una escala micrifísica, es decir, funcionando en el interior de los controles más cotidianos y sutiles del cuerpo individual, las intervenciones reguladoras, parecían estar conectadas más directamente con el ejercicio de un poder estatal que tomaba a su cargo la gestión de las constantes biológicas de la colectividad.


En la segunda mitad de los años 70 Foucault, se va a interrogar por las condiciones históricas que han hecho posible la emergencia de unos mecanismos reguladores vehiculados por el estado en nuestras sociedades.


El modelo descriptivo utilizado desde ahora por Foucault, como el del gobierno (los actos de poder son acciones desempeñadas sobre las acciones de los otros para darles una orientación, conducirlas, esto es, para gobernarlas.


El liberalismo no es tanto una doctrina o ideología que intenta eliminar el poder de gobierno, como una técnica, un modo de gobernar a las poblaciones reduciendo al máximo el gasto de poder practicado por el Estado.


Foucault cifra el origen de este poder gubernamental en el tipo de poder PASTORAL desarrollado por el CRISTIANISMO, donde CADA INDIVIDUO DEBE DEJARSE GOBERNAR POR OTRO DURANTE TODA SU VIDA PARA SER CONDUCIDO A LA SALVACION.


Durante los siglos XV-XVI, este poder pastoral, ejercido principalmente en el ámbito de los monasterios y de la administración episcopal, va a difundirse en muy distintos ámbitos de la vida cotidiana (ejército, familia, infancia, pobreza, territorio) cristalizando en el plano estatal en una práctica de la “Razón de Estado” característica de las monarquías absolutas coetáneas del cameralismo y el mercantilismo.


En este análisis de la gubernamentalización de las relaciones de poder se exploran finalmente las metamorfosis que hacen posible el paso de la razón de Estado al tipo de gubernamentalización propio del liberalismo.


A lo largo de las investigaciones foucaultinianas en torno a la analítica del poder, se ha visto perfilarse una genealogía de la subjetividad moderna, un estudio de la objetivación del sujeto a partir de técnicas de poder que lo moldean como individuo normalizado, bien a través de mecanismos disciplinarios que intervienen sobre su cuerpo y su conducta, mediante procedimientos de confesión que establecían su verdad singular o como blanco de técnicas de regulación que lo gobernaban interviniendo globalmente sobre el conjunto de la población.


En todos estos casos la persona es objetivada como tal en cursos de acción no protagonizados por la propia persona, sino por instancias exteriores a la misma (religiosas, jurídicas, pedagógicas, médicas, familiares, administrativas, etc.)Posteriormente hacia los 80, el estudio de las técnicas de poder que producen al sujeto desde agencias exteriores al mismo va a dejar su lugar a una indagación de las prácticas culturales que los seres humanos emplean para modelarse a sí mismos como sujetos, Es lo que Foucault denomina “prácticas de síEste es propiamente el dominio de la ética, que no consistiría tanto en los códigos morales o en sus fundamentos filosóficos, como en los regímenes o estilos de vida que los hombres y las mujeres practican para dar forma a su existencia, sea ajustándose o Distanciándose de los sistemas normativos establecidos.


Más tarde se da un cambio de orientación y el filósofo, para analizar el concepto de la “experiencia de la sexualidad que se constituyo en Occidente a través de la medicalización de los procedimientos de confesión, dirección espiritual y examen de conciencia que habían conformado la experiencia de la “carne característica del periodo de las reformas protestante y católica.


Los movimientos espirituales del siglo XVI, desde la renovación impulsada por las distintas sectas protestantes hasta los trascendentales cambios producidos en la esfera de la Devoto católica –nuevas ordenes ascéticas intramundanas centradas en el modelado de la interioridad, misticismo, reformas tridentinas de la predicación y los sacramentos- introdujeron sin duda una esencial hendidura en la historia de la religiosidad cristiana, por los métodos de la ascética, la guía espiritual y la confesión no fueron inventados en este periodo, del mismo modo que la experiencia cristiana de la “carne” a la que daban lugar. Esta circunstancia exige a Foucault estudiar la formación de estos procedimientos en la primitiva cultura ascética del Cristianismo.


Por otra parte, los métodos de ascesis difundidos desde el Cristianismo primitivo no pueden identificarse con técnicas de poder desplegadas pro agencias exteriores al sujeto que las utiliza, se trata de prácticas que los propios seres humanos aplican sobre sí mismos, sobre su conducta, sus pensamientos, su cuerpo, para constituirse como sujetos morales. Se abre de este modo un ámbito nuevo para la historia genealógica del sujeto: el análisis, no de las relaciones de poder sino de las “prácticas de sí”, el ámbito de la ética.


En estrecha relación con estos procedimientos de ascesis mencionados, se desarrolló en los primeros siglos del Cristianismo una hermeneútica bíblica. Esta exégesis de uno misma era indispensable para conocer si el asceta había conseguido o no vencer y renunciar a las debilidades del mundo y de la concupiscencia carnal. Se trata de someter a escrutinio los propios afectos y representaciones, distinguiendo las que concentraban la mente en Dios, expresión de una verdad universal, y las que dispersasen el pensamiento, representaciones engañosas que tenían su origen en el demonio.


¿Cómo se había constituido esta hermenéutica de sí que ponía en primer plano la renuncia a las “insinuaciones de la carne”? La exploración de este problema obliga a remontarse a la Antigüedad grecorromana, a las técnicas de la vida desarrolladas en las escuelas morales del periodo helenístico y aún más allá, a la época de la Atenas clásica. Se trata de un amplio intervalo temporal hasta entonces escasamente hollado por el filósofo, un periodo en el que Foucault carecía de las competencias del especialista, y que solo pudo adquirir a través de un extraordinario esfuerzo y de la ayuda de eminentes historiadores amigos. Las técnicas de ascesis y los temas de austeridad sexual característicos del Cristianismo primitivo, pueden encontrarse en las escuelas filosóficas del periodo helenístico, pero se encuadran en un contexto de problematización moral bien diferente.


En la ética cristiana de los primeros siglos se configura una experiencia de la “carne” y de su renuncia que está ausente en las prácticas morales de la Santugüedad.Estas componen una ética reservada a los varones adultos con capacidad de intervenir en los asuntos públicos, es una moral de las elites, limitada a los ciudadanos de la polis griega o al patriarcado de Roma.Estas prácticas no incluyen el desciframiento de uno mismo para encontrar la norma universal y renunciar al deseo carnal, como sucede en la escesis cristiana. La ética no apunta propiamente al deseo, sino a los placeres (aphrodisia) y se trata en ella, no de renunciar o purificarse de éstos, sino de gobernarlos, amaestrarlos (enkrateia) tener una relación activa con los placeres de modo que el sujeto no sea sometido a los mismos.Tampoco esta ética de la Antigüedad llega a cristalizar en códigos prescriptivos generales, al estilo del decálogo cristiano y mucho menos en normas legislativas de aplicación universal.


Para alcanzar este autodominio, se desarrollan toda una serie de “artes de experiencia”, ejercicios, procedimientos de conversación, prácticas de amistad, cuidados de la salud y la alimentación, que dan forma concreta a este programa. Este se cumple en tres ámbitos cotidianos diferentes: La Dietética, con la disposición de un régimen de salud para gobernar el cuerpo, la Económica, conjunto de prácticas encaminadas al buen gobierno de la casa y de las relaciones conyugales, y la Erótica, serie de artes que permiten el dominio de sí en la relación con los muchachos.


En el cuadro de esta “ estética de la existencia”, como la designa Foucault, puesto que se trata de modelar y dar forma a los placeres gobernándolos, no de descifrarlos o extirparlos, a partir del periodo helenístico y romano -la problematización de los placeres se hará más intensa. Se introducirán en ella técnicas de autognosis como el examen de sí mismo o la exposición de los propios pensamientos a un amigo que interviene como guía espiritual. Estas formulas se aplican por ejemplo en la askesis estoica, donde se trata de acceder a la verdad y asimilarla, no para renunciar a la realidad sino para conseguir el perfecto dominio de sí.


En esta época se produce un desplazamiento, un camino de acento más que una ruptura con la, moral del periodo clásico, pues el fin de las técnicas de autognosis sigue siendo el autogobierno por el control de los placeres, no la purificación o el rechazo del deseo.


La verdad encontrada en estas fórmulas de autoconocimiento no son unos universales eventualmente codificables, aunque si se trate cada vez más de principios generales de la Naturaleza –estoicismo- que sirven como fundamento del arte de vivir. Foucault explicó este cambio de acento producido en la época helenística y romana a partir de las transformaciones políticas y sociales de este periodo, que afectan a los usos matrimoniales y al ejercicio de la política.


En la última singladura del pensamiento foucaultiniano, las técnicas de poder han dejado un escenario, que va a ser ocupado por las técnicas de sí, modos por los que el ser humano se perfila a sí mismo como sujeto moral, y que se designan con el nombre de “prácticas de libertad”.estas sin duda no son una invención del propio sujeto, que las recibe y aprende en un contexto cultural preciso, pero, a diferencia de los mecanismos de poder, no son agencias externas, sino que es el propio ser humano el que las aplica activamente sobre sí mismo para dar forma a su existencia.


El interés de Foucault por la ética griega de los placeres no justifica que se la tome como modelo o que se proponga una vuelta a sus contenidos. Lo relevante de la ética grecorromana es un rasgo formal que posteriormente se vio eclipsado por el desarrollo de otros sistemas de valor. Se trata de una moral que no se ajusta a la confección de un código universal de prescripciones, sino que descansa por completo en esas prácticas de vida que el varón adulto utiliza para modelarse como sujeto y llegar al pleno autodominio.


La ética no es el código; son “las prácticas de libertad” por las que uno se modela como sujeto. Esta libertad no se identifica con la propiedad o estructura de un sujeto dado de antemano, no pasa por la conciencia de sí mismo ni por el descubrimiento y apropiación de un auténtico "“o"”la libertad es una actividad, un ejercicio, no de autoconciencia ni de reconciliación con una identidad preexistente -–l sí mismo, la existencia auténtica sino de construcción de la propia vida, escultura de la propia subjetividad.


¿Qué vinculo mantiene este trabajo de la libertad con los mecanismos de poder? Lo característico de la relación de poder, enfatiza Foucault, lo que la distingue de una relación de puro sometimiento o dominación, es su carácter móvil y abierto.La relación de poder es la acción que interviene sobre otras para gobernarlas, conducirlas en una dirección determinada. Se traduce en programas y técnicas, cálculos que apuntan a la gestión de las accionaseis éstas se encontraran bajo un control sin fisuras, como sería el caso de una hipotética dominación absoluta, de una subyugación física sin posible resistencia, no sería necesario diseñar programas, estipular cálculos y procedimientos complejos para regular la conducta. La relación de poder sólo tiene lugar cuando el comportamiento no queda bajo una total sumisión...Sólo hay mecanismos de poder cuando es posible zafarse de los mismos, evitarlos, resistir, cuando puede efectuarse el trabajo de la libertad, y a la inversa; La libertad sólo se pone en liza por la actividad de no dejarse gobernar por otros, limitar el ejercicio de poder, cuestionar sus formas de intervención.


La relación entre los dos términos no es de antagonismo sino de agonismo, desafio, incitación recíproca, a un programa de poder responde un desafío de la libertad, lo que obliga a una reestructuración del programa, dando lugar sucesivamente a una respuesta de resistencia, y así ad infinitum.


El trabajo de la libertad en conexión con el poder no consiste en afirmar los derechos inalienables del individuo frente a la tarea uniformadora del Estado.Ya se comprobó que los mecanismos de poder en nuestras sociedades no neutralizan, sino que producen la individualidad; son procedimientos situados en una escala inferior, “microfísica”, en relación con los aparatos del Estado.En las prácticas de libertad se trata de desembarazarse de la individualidad recibida y constituida a través de técnicas de poder, para conformar por uno mismo la propia existencia y la propia subjetividad.


La misma filosofía, tal como Foucault la desempeña, es una experimentación y modelado de la propia vida, equivale al trabajo de la libertad.


Filosofar hoy no es reconocerse a uno mismo o convencer al otro en lo ya sabidos el ensayo de cambiar el propio pensamiento y la propia identidad mediante el ejercicio del saber.


La lucidez del filósofo no se gana regresando al hogar donde alumbra un a verdad recibida en ofrenda, sino despojándose de los manes familiares, en la noche de un viaje sin retorno donde se puede pensar de nuevo.